JOHN BERGER: PUERCA TIERRA

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MONT BLANC: Alta Saboya. Fuente: Wikipedia.

John Peter Berger (Londres, 1926) es un personaje polifacético dedicado de lleno al mundo de la cultura: ensayista, dramaturgo, novelista, pintor, crítico de arte, periodista etc. Su obra como ensayista muestra una profunda preocupación por el ser humano, por su organización social y por el presente y futuro de las sociedades actuales. Es conocido su activismo social, su denuncia de las injusticias  y su apoyo a los grupos sociales oprimidos y marginados por las mayorías poderosas y los poderes fácticos.

PUERCA TIERRA. Círculo de lectores.

PUERCA TIERRA. Círculo de lectores.

Puerca tierra es el primer volumen de una trilogía titulada “DE SUS FATIGAS” compuesta por otros dos títulos: Una vez en Europa y Lila y Flag. Esta trilogía constituye un completo y complejo análisis del mundo rural europeo.

 El campesino y su circunstancia: pasado, presente y futuro nos son mostrados en una sucesión de pequeñas historias que tienen como protagonistas a unos personajes fácilmente reconocibles para todos los que conocemos y/o formamos parte del mundo rural.

Desde 1974, Berger reside en Quincy, una pequeña aldea en los Alpes perteneciente a la Alta Saboya francesa y muy próxima a la frontera suiza. Quincy constituye el marco geográfico de referencia para las historias que relata Berger. El hecho de que las formas de vida tradicionales del campesinado europeo tengan más similitudes que diferencias nos permite extrapolar las situaciones que viven los personajes a cualquier otro país del entorno.

Los protagonistas de “Puerca Tierra” son campesinos nacidos a finales del siglo XlX que han visto pasar la convulsa historia europea de la primera mitad del S. XX como si fueran actores ajenos a las circunstancias que los rodean. Tanto las crisis políticas y económicas como las dos guerras mundiales han dejado huella en la memoria colectiva del campesinado pero no han variado sus formas de concebir la vida y el trabajo. El auténtico peligro para nuestros protagonistas surge de forma lenta y progresiva a partir de los años 60 del pasado siglo con la mecanización del campo, el progreso de las ciudades y el nacimiento de la agricultura intensiva que precisa de unas inversiones en maquinaria que colocan al campesino entre la espada y la pared:

 -”Subido al heno volvió a explicarse a sí mismo el significado de las máquinas. Se aseguran de que sabemos que existen. Desde ese momento si no tienes una, el trabajo se hace más duro. El no tener una máquina hace al padre anticuado a los ojos del hijo, al marido ruin para su esposa; hace que un vecino parezca pobre ante otro. Después de que ha vivido durante algún tiempo conociendo su existencia, pero sin tenerlo, le ofrecen un préstamo para comprar un tractor. Una buena vaca da 2.500 litros de leche al año. Diez vacas producen 25.000 litros. El dinero que gana por toda esa leche durante un año entero es lo que cuesta un tractor. Por eso necesita un préstamo. Cuando se ha comprado el tractor le dicen: Ahora para sacarle el máximo de rendimiento tienes que comprar las máquinas que lo acompañan; nosotros te prestamos el dinero, y tu nos lo devuelves mensualmente. ¡Sin esas máquinas no aprovecharás todas las ventajas que te ofrece el tractor! Y entonces vas y compras una, y luego otra y otra, y así te vas endeudando más. Y acabas teniendo que venderlo todo. ¡Y eso es lo que habían planeado en París desde el principio! Por todo el mundo hay gente muriéndose de hambre, y, sin embargo, un campesino sin tractor no es digno de la agricultura de este país.”

       El campesino siempre ha visto la ciudad desde una supuesta y subjetiva posición de inferioridad. La ciudad se contempla como una oportunidad circunstancial para ganar un jornal extra y contribuir a la supervivencia en el campo:

 -”En invierno la naturaleza moría, y era entonces cuando la falta de dinero se hacía crítica. Muchos de los hombres dejaban el pueblo y marchaban a París a ganar jornales como cargadores, porteros, deshollinadores. Antes de partir los hombres se aseguraban de que el heno, la leña y las patatas eran suficientes para durar hasta después de Pascua. Atrás quedaban las mujeres, los viejos y los jóvenes.”-

El intento de cambiar el mundo rural por el urbano supone una adaptación compleja llena de problemas e incomprensiones. La realización de tareas manuales, muchas veces penosas y carentes de reconocimiento social afectan a la autoestima y producen alienación e incomprensión entre dos mundos antagónicos; el mundo rural es visto con desprecio y el campesino toma consciencia de que el propio término que lo define tiene connotaciones despectivas: ¡Campesino!:

 -”El primer día antes de empezar a lavar, le preguntó a la cocinera en dónde se guardaba la ceniza para la colada. ¡Ceniza!, repetía la cocinera incrédula. Para blanquear las sábanas, le explicó Catherine. La cocinera le dijo que se volviera a sus cabras. Era la primera vez que Catherine oía la palabra campesina utilizada como un insulto.”-

-”Catherine entró de criada en casa de un médico. Sus principales tareas eran limpiar las chimeneas, fregar los suelos y lavar la ropa. Cuando estaba trabajando en casa del médico recibió una carta diciendo que un familiar estaba muy enfermo y que debía volver de inmediato. Al marcharse así de repente perdió el sueldo de dos meses. Ella protestó diciéndole a la mujer del médico que nadie podría prever una enfermedad. Para las enfermedades están los hospitales, fue la respuesta. Catherine cogió uno de los atizadores que había abrillantado cada mañana. La mujer del médico chilló pidiendo ayuda.”

El modelo tradicional de vida de los campesinos sufre la incomprensión de las sociedades modernas en las que la pertenencia a una determinada clase social juega un papel fundamental junto con las apariencias, la banalidad e intrascendencia de las relaciones humanas en el entorno urbano, la competencia y la falta de escrúpulos con el objetivo de lograr el máximo beneficio: una lucha despiadada por ser más y por tener más y más cosas que son completamente prescindibles en el mundo rural que relata Berger. Es la lucha entre dos tipos de cultura: la cultura de supervivencia y la cultura del progreso.

cultura de la supervivencia y cultura del progreso.

La relación entre el Estado (impuestos) y el campesinado siempre ha sido difícil y ha estado marcada por el desprecio demostrado por el poder político hacia el trabajo realizado por los campesinos:

-”Ponen impuestos a todo lo que pueda agradar a los pobres. La sal, el tabaco el aguardiente; lo pobres no tienen derecho a los placeres. ¡Si lo tuvieran, los ricos se desanimarían.!

 La llegada de dos inspectores de la Sección Especial para la Investigación del Fraude del Ministerio de Hacienda con el objeto de controlar los litros de aguardiente que producen los alambiques caseros para cobrar las correspondientes tasas produce una situación conflictiva que causa el enojo de Marcel:

 -”El orujo de Marcel dio 106 litros de aguardiente de cincuenta grados, lo que significaba que tenía que pagar por 86 litros la suma de doscientos seis mil cuatrocientos francos viejos: la mitad de una yegua de cuatro años.”-

Marcel reacciona mal y secuestra a los inspectores. Los mete en un cobertizo frío y sin luz. Ante la protesta de los funcionarios decide llenar el granero de ovejas para que proporcionen calor a los secuestrados al mismo tiempo que les facilita una vela y una botella de orujo. Marcel crea sus propios impuestos para ser aplicados a los representantes públicos:

      -”Siento decirles que la preocupación tiene un impuesto. También se paga un impuesto por el dolor y otro más por tiritar ¡A mil francos el escalofrío! ¿No decían que habían pasado la noche dando diente con diente? Habrían ahorrado dinero si no hubieran pasado frío. Hoy las ovejas les ahorrarán cientos de miles. Pero el de anoche han de pagarlo. ¿Han rellenado ya el impreso para pagar el impuesto por el dolor? Decía que tenía úlcera, eso duele mucho, ¡Y, cuanto más duele más alto es el impuesto que se paga!”-

Marcel decide liberar a los secuestrados tras reflexionar en compañía de su caballo:

-”Sólo te puedes vengar de aquellos que son como tú. Esos de ahí arriba pertenecen a otro tiempo. Son nuestros prisioneros, y, sin embargo no hay venganza posible. Nunca sabrán de que nos vengamos.”-

 Berger concluye que la desaparición del campesino tradicional está próxima:

“Un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado.” 

Berger lee un cuento corto de Ghassan Kanafani, escritor palestino:

-El tiempo pasa, pero lo que le da sentido a la vida de los seres humanos permanece igual. 

www.revistaminerva.com: El hombre tranquilo. Entrevista con John Berger.

www.elcultural.es: John Berger.

www.revistaenie.clarin.com: La intimidad de un maestro.

savonarolamiscelanea@mundo-r.com

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